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Diseño de un programa de capacitación en RAC

“Un traje hecho a la medida”

CAPACITACION EN METODOS DE RESOLUCION ALTERNA DE CONFLICTOS EN COSTA RICA

«El arte supremo del maestro consiste en despertar el goce de la expresión creativa y del conocimiento» Albert Einstein

Alternabilidad de los métodos RAC. En Costa Rica, los métodos RAC son formas de resolver conflictos, diferentes o alternos, al sistema procesal garantizado constitucionalmente mediante el Tercer Poder de la República: el Poder Judicial. Se trata del derecho de todo ciudadano de poder elegir, con base en el principio de la autonomía de la libertad, cualquier otro sistema o método para resolver conflictos alternos o independiente al que ofrecen las instituciones estatales mediante un ente encargado exclusivamente para resolver conflictos en forma definitiva y vinculante para las partes.

La existencia de un Poder Judicial eficiente, que se sostiene económicamente con el presupuesto estatal, garantiza el cumplimiento del ordenamiento jurídico costarricense, fortalece el sistema democrático y contribuye enormemente al desarrollo económico y social del país. Partiendo de las debilidades de nuestra condición humana, si no contáramos con una estructura de orden judicial que albergue y dé respuesta a las diferencias sobre necesidades, intereses y deseos de cada persona o grupo social, no sería posible entonces una convivencia pacífica, ni sería posible una garantía efectiva de los derechos de los ciudadanos. Entendiendo la importancia y relevancia de los sistemas formales y tradicionales de administración de justicia en nuestra sociedad, podemos aventurarnos a pensar que, precisamente, también nuestras fortalezas de condición humana, capacidades, valores, experiencias, inteligencia racional y emocional nos permiten resolver las diferencias con los otros de una manera más directa e informal. Se le llama al resultado de un método alterno -justicia de las partes- como el justo medio o equilibrio que pueden encontrar dos personas o grupos para resolver un asunto particular, que tome en cuenta todos y cada uno de los aspectos a favor y en contra que le son propios de su situación particular.

El acuerdo que se toma libremente por las partes, sin la intervención de un tercero con autoridad en la toma de decisiones, deberá encontrarse inmerso dentro de los límites de la legalidad del sistema jurídico costarricense. Se trata de un “traje hecho a la medida” por las mismas partes dentro de los parámetros previamente establecidos. De ahí la fortaleza de su legitimación. Sin embargo, para encontrar el justo medio o el mejor escenario para todas las partes vinculadas en un conflicto, se requiere de algo más que buena voluntad. Desarrollo de habilidades para resolver conflictos. Se define al conflicto como “el choque” de intereses, acciones, valores o direcciones diferentes. Según Folger, se trata de la interacción entre personas o grupos interdependientes que perciben la incompatibilidad y la interferencia mutua en el cumplimiento de sus metas. Lo anterior, nos lleva a comprender que, la variedad, complejidad y cantidad de conflictos que se puede presentar en una sociedad es incalculable. El fenómeno del conflicto es inherente al ser humano, hace parte de su naturaleza y constituye materia prima para la trasformación individual y social. Existen formas de evitar algunos conflictos mediante la planificación, el orden, la anticipación de eventos, la prevención, la educación, la tolerancia. Pero, necesariamente, vendrán otros que pondrán a prueba nuestra paciencia, habilidades y conocimientos.

Es nuestra capacidad o incapacidad de manejar el conflicto lo que puede hacer de éste un detonante para la destrucción o un motor de aprendizaje y desarrollo. Una buena administración de manejo de los recursos sociales implica utilizar los servicios de la justicia formal sólo en aquellos casos en que, por razones de complejidad, el alcance de los resultados o por haberse agotado las demás posibilidades disponibles, la resolución judicial sea la única opción viable para solucionar el conflicto. El hecho es que no se nace con los conocimientos y las habilidades necesarias para resolver conflictos. Tampoco se desarrollan destrezas para hacer un traje a la medida de las necesidades de ambas partes y así encontrar el justo medio, de ahí las guerras, la violencia y la pobreza. Por consiguiente, se hace necesario diseñar programas de capacitación en métodos alternos de resolución de conflictos en todos los niveles posibles. La capacitación es un proceso continuo de enseñanza-aprendizaje que tiene como objetivo adquirir los conocimientos técnicos, teóricos y prácticos que van a contribuir al desarrollo de habilidades y destrezas que permitan un mejor desempeño de acuerdo a un programa previamente aprobado y continuo. Para que la capacitación cumpla el objetivo planteado, debe ir acompañada de dos procesos más: entrenamiento y adiestramiento. El proceso de entrenamiento consiste en la preparación que se sigue para desempeñar una función y el adiestramiento es el proceso, mediante el cual, se estimula a incrementar conocimientos, destrezas y habilidades de manera permanente. Diseño de un programa de capacitación en métodos RAC.

El diseño de un programa de capacitación en mecanismos RAC va a variar dependiendo de la naturaleza del conflicto, a quienes va dirigido, la metodología y el objetivo final. Así, por ejemplo, si el objetivo consiste en promover la utilización de métodos RAC y Paz Social a nivel nacional, se tratará entonces no de un programa de capacitación aislado, sino más bien del diseño de una Política Nacional de Educación en métodos de solución pacífica de conflictos, dirigido a todas las personas y mediante todos los sistemas de educación, formales e informales. Esto implica necesariamente el compromiso de la sociedad entera: maternal, escuelas y colegios, universidades, iglesias de todas las denominaciones, instituciones públicas y privadas, asociaciones comunales, empresas, grupos, etc. La Ley No. 7727 -Ley de Resolución Alterna de Conflictos y Promoción a la Paz Social de Costa Rica-, en su artículo 1, hace un primer acercamiento al señalar que: “Toda persona tiene derecho a una adecuada educación para la paz en las escuelas y los colegios, los cuales tienen el deber de hacerles comprender a sus alumnos la naturaleza y las exigencias de la construcción permanente de la paz. El Consejo Superior de Educación procurará incluir, en los programas educativos oficiales, elementos que fomenten la utilización del diálogo, la negociación, la mediación, la conciliación y otros mecanismos idóneos para la solución de conflictos. La educación debe formar para la paz y el respeto de los derechos humanos.”

A mi parecer, tal acercamiento resulta tímido e insuficiente para cumplir un objetivo de Política Nacional, toda vez que no implica un verdadero compromiso por parte del ente gubernamental. No es suficiente con “procurar” incluir, en los programas educativos oficiales, elementos que fomenten la utilización de mecanismos de diálogo para la trasformación de los conflictos. Se necesita mucho más. Una Política Nacional en Educación para la Paz debe ser clara y contundente en el objetivo que se pretende alcanzar y requiere de una estrategia o metodología capaz de alcanzar todos los rincones de la sociedad. Si el objetivo fuese, en cambio, el de desarrollar habilidades y destrezas en manejo de conflictos dentro de una empresa o institución, el diseño de un programa de capacitación debería atender específicamente a la naturaleza de conflictos que se generan en esa empresa, como por ejemplo los conflictos de naturaleza laboral, de relaciones interpersonales, interdepartamentales, con los clientes, etc. Recordemos que el conflicto se genera con motivo de la existencia de relaciones de interdependencia, de forma tal que, una empresa o institución en la cual sus empleados logren adquirir un buen nivel de comunicación y manejo de conflicto interno, va a funcionar más eficientemente y, por lo tanto, cumplirá los objetivos y las metas con mayor facilidad.

En la actualidad, la capacitación representa uno de los medios más efectivos para asegurar la formación permanente de los recursos humanos de las empresas, respecto de las funciones laborales que deben desempeñar en el puesto de trabajo que ocupan. Si bien la capacitación no es el único camino por medio del cual se garantiza el correcto cumplimiento de tareas y actividades, lo cierto es que se manifiesta como un instrumento que enseña, desarrolla sistemáticamente y coloca, a cualquier persona, en circunstancias de competencia. Cada vez más, las empresas públicas y privadas buscan en los perfiles de sus posibles colaboradores, como valor agregado, la formación, experiencia y habilidades en negociación y métodos de resolver conflictos. Lo anterior, dado que, estas personas, pueden liderar procesos de cambio positivos al interno de la empresa. Tratándose del diseño de un programa de capacitación donde el objetivo consiste en formar mediadores y conciliadores, el panorama varía sustancialmente. Cabe aclarar que, en Costa Rica, tanto la mediación como la conciliación responden a un mismo mecanismo toda vez que, la Ley No. 7727, equiparó ambas instituciones, en su artículo 4, al señalar que “Los principios y las reglas establecidas para la conciliación judicial y extrajudicial se aplicarán igualmente a la mediación judicial o extrajudicial”.

El citado cuerpo legal además indicó que existe libertad para la mediación-conciliación al señalar, en el artículo 5, que “la mediación y la conciliación extrajudiciales podrán ser practicadas libremente por los particulares, con las limitaciones que establece la ley. Las partes tienen derecho de elegir con libertad y de mutuo acuerdo a las personas que fungirán como mediadores y conciliadores”. Por lo tanto, el marco jurídico costarricense identifica como un mismo mecanismo tanto la mediación como la conciliación, sea que se practique dentro del proceso judicial (judicial) o fuera de éste (extrajudicial). Los efectos jurídicos del resultado de ambos procesos se equiparan con autoridad y eficacia de cosa juzgada material. Además, debe tenerse en cuenta que la ley no impone más requisitos al mediador-conciliador que el genérico de la libertad de actuar conforme al Código Civil. Puede ser mediador o conciliador cualquier persona mayor de 18 años con capacidad de actuar, que sea elegida por las partes, toda vez que, el valor vinculante del acuerdo, se legitima por la misma voluntad de las partes quienes son las que, en definitiva, toman las decisiones, no por la actuación del mediador-conciliador. Tomemos en cuenta que resolver conflictos por medio de la negociación directa no es sencillo. En tal sentido, será muy poco el aporte de una persona -en calidad de tercero- con la mejor de las voluntades pero sin ningún conocimiento técnico del proceso. Posiblemente, en lugar de favorecer un acuerdo justo para las partes hará de la situación un conflicto aún más complejo.

De forma cierta, una persona debidamente capacitada en mediación- conciliación podrá cumplir el trabajo encomendado con mayor propiedad. El objetivo de diseñar un programa de capacitación en mediación o conciliación deberá tomar, como punto de partida, las necesidades de los usuarios del servicio. No tiene sentido capacitar mediadores-conciliadores si no existe una cultura de diálogo para la trasformación de los conflictos en la sociedad, si las partes no conocen el sistema y el efecto jurídico de los resultados, si no existen estructuras adecuadas para brindar este servicio y que, además, provean un ingreso apropiado al neutral. Recursos para la capacitación en RAC. Nunca como hoy en día se había puesto en evidencia la facilidad de obtener recursos tecnológicos para el soporte de la capacitación. Así, los recursos actuales nos permiten encontrar gran cantidad y calidad de información que supera nuestras expectativas. Investigaciones y experiencias sobre el conflicto y el comportamiento humano, desde el punto de vista de la sociología, de la psicología, del derecho, de las ciencias de la comunicación, de la neurociencia, etc, se encuentran al alcance del teclado. La posibilidad de obtener información sobre cómo otras personas, en latitudes distantes y con problemáticas profundas, intentan resolver sus diferencias constituye un insumo de vital importancia para el aprendizaje. Si algo queda claro para quienes se dedican a administrar procesos de resolución de conflictos, es que en esta materia no existen recetas mágicas ni procedimientos preestablecidos. Todo se va construyendo sobre la marcha. Las condiciones personales de los actores, sus puntos de vista sobre la situación, el tema de fondo, el contexto histórico y social hacen de cada conflicto un fenómeno único y, de cada solución, un traje hecho a la medida.

Un programa de capacitación en métodos RAC que rompa los esquemas tradicionales de educación y se haga cómplice, de una manera creativa, de todas las posibilidades que nos ofrece el mundo de la tecnología moderna, no tiene límites. Perfil del facilitador o instructor en métodos RAC. La persona que tenga interés en formarse como instructor o promotor en métodos RAC, tiene el reto de convertirse en un educador para la paz. Un formador de procesos más que un descriptor de resultados. La educación para la paz es el proceso de adquisición de los valores y conocimientos, así como las actitudes, habilidades y comportamientos necesarios para conseguir la paz, entendida ésta como una vivencia en armonía con uno mismo, los demás y el medio ambiente. La educación para la paz forma parte de la educación para los derechos humanos. Es un derecho humano reconocido por las Naciones Unidas y el Derecho Internacional. El compromiso de educar para la paz puede expresarse en las siguientes líneas: Trabajar por un proceso educativo que signifique contribuir a alejar el peligro de la guerra, poner fin al expolio de las zonas empobrecidas del planeta, enseñar desde y para la no-violencia, aprender a considerar el conflicto como un vehículo de cambio si sabemos resolverlo, sin recurrir a la violencia, integrar al alumnado en un proceso de transformación de la sociedad hacia la justicia. La educación para la paz presupone tomar partido en el proceso de socialización por valores que alienten el cambio social y personal.

Cuestiona el propio acto educativo, alejándose de la concepción tradicional, de la enseñanza como algo meramente de transmisión. Se entiende el acto educativo en métodos RAC como un proceso activo-creativo en el que los participantes son agentes vivos de transformación. Implica una lucha contra la violencia simbólica, estructural, presente en el marco social; intenta que coincidan fines y medios. Se trata de llegar a contenidos distintos a través de medios distintos, haciendo del conflicto y del aprendizaje de su resolución no violenta el punto central de su actuación. Deberá combinar ciertos conocimientos sustantivos con la creación de una nueva sensibilidad, de un sentimiento empático que favorezca la comprensión y aceptación del otro. Deberá prestar atención al curriculum explícito como al “curriculum oculto”, es decir, a la forma de organizar la vida en la sociedad por lo que deberá ser coherente con los contenidos manifiestos. Implica, además, una enseñanza y un aprendizaje tácito de normas, valores, hábitos y disposiciones. La tolerancia, la participación, la empatía, la solidaridad y demás valores “alternativos” deben vivirse con el ejemplo. No se trata de un instructor tradicional que limita su actuación a transmitir el conocimiento a su audiencia. Deberá de aprender a pensar y a actuar de manera creativa y audaz, algo que supera la ausencia de guerra, que no plantea la paz como algo quimérico, sino como un proceso por el que se irá pasando de la desigualdad a la igualdad, de la injusticia a la justicia, de la indiferencia al compromiso. Retos en la capacitación RAC.

Como se puede apreciar, los retos en este tema son muchos. Se trata de ser parte activa del proceso de transformación social. Afortunadamente, se cuenta con la materia prima: el conflicto. En menor o mayor escala, el conflicto es el pan de cada día. Necesitamos más y mejores carreteras, necesitamos combatir la pobreza, necesitamos entendernos mejor con nuestros países vecinos, más y mejores fuentes de trabajo, necesitamos una sociedad más amigable con el medio ambiente, más próspera y más justa. Pero la sociedad no es una ficción, es la suma de cada uno de sus habitantes: Juan, María, Pedro, Laura…personas de carne y hueso cada una de ellas, con una historia personal, que tienen necesidades, propósitos, sentimientos, deseos, frustraciones, ideas…. son niños, son adultos mayores, hombres y mujeres, inmigrantes, indígenas, empresarios, maestros, choferes y amas de casa, entre muchos otros.. Necesitamos despertar el interés por aprender a resolver conflictos de forma creativa, -ya el líder religioso y político Gandhi lo dijo: “ojo por ojo y el mundo quedará ciego”-

Se requiere un compromiso serio para desarrollar un Programa Nacional de capacitación en mecanismos RAC así como de pequeñas iniciativas individuales a fin de generar capacidades específicas de negociación y manejo de conflictos. Se requieren herramientas de diálogo para la trasformación de los conflictos, empresarios y gerentes con mejores habilidades de negociación, diplomáticos que puedan atraer mayor inversión, gobernantes que logren acuerdos para el bien común, mesas de diálogo para resolver asuntos nacionales, círculos de paz para atender conflictos comunales, maestros comprometidos con la paz, padres que, con el ejemplo, eduquen a sus hijos en valores, empoderamiento de los sectores más vulnerables, instancias de mediación y conciliación profesional. Usted y yo, en pleno Siglo XXI, somos parte de este planeta y responsables por la cuota que nos corresponde. Los conocimientos están al alcance. No desistamos de buscar el justo medio y de encontrar las herramientas para poder confeccionar el “traje a la medida” que se requiere en todos y cada uno de los conflictos en que la vida nos pone a prueba.

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